“El código de los sueños está escrito para estimular las
redes neuronales del cerebro. En una secuencia de pequeñas descargas eléctricas
que inician una reacción en cadena que involucra al cerebro en su totalidad”
Sueños no era como una experiencia implantada, para ello ya
existía Experience, donde el cliente elegía dentro d una oferta limitada la
aventura que quería vivir. Una suerte de catálogo. Podía ser una la noche de
Tánger de la década del 60, una mañana fría en la praderas de Orleans, podía
ser un duelo de gladiadores en la Roma de Marco Aurelio.
Sueños era distinto. En sueños no existía una oferta
limitada de experiencias, sino que el cliente (más específicamente, el cerebro
del cliente) arma su propia experiencia en función de los datos ingresados a él
a través de los electrodos.
Lo que ocurría allí era fruto de años de investigación tanto
oficial (financiado por gobiernos o empresas legítimas) como extraoficial, es
decir, financiadas por organizaciones criminales.
Se dice que la Realidad Virtual es una realidad inventada. ¿Acaso
los inventos no crean la realidad?
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